“Yo no tomo té de manzanilla cuando estoy enferma de la garganta, tomo una copa de vino blanco mezcla bordelesa, como esa cucharada de miel de abeja con limón…”

Con esa frase cerré la degustación del vino blanco que catamos en la clase de Burdeos, Francia, era un Raymond Huet Bordeaux Sémillon Sauvignon, todos se rieron, pero estoy segura que todos reconocerán la próxima vez que les sirvan una copa de vino blanco de Burdeos.

Son tres uvas blancas las aprobadas para hacer la mezcla blanca de Burdeos. Estas son: Muscadelle, Sémillon y Sauvignon Blanc.

La Muscadelle es la de menor producción y no hay que confundirla con la Muscat. Son dos uvas totalmente diferentes. Y su función prácticamente es para complementar la mezcla.

La Sémillon al igual que la Sauvignon Blanc son las que más se producen. Estas dos uvas se complementan perfectamente y crean la espectacular mezcla blanca bordelesa, hacen un vino fácil de tomar, refrescante, dulce cítrico, o como lo dice una canción “azúcar amargo”

Las notas cítricas y herbáceas vienen de la Sauvignon Blanc, mientras que las notas dulces a miel y el color dorado provienen de la Sémillon.

Con la Sémillon se produce uno de los mejores vinos blancos dulces del mundo, el Château d’Yquem, proviene de la región de Sauternes (al Sur de Burdeos) y esta es famosa por hacer vinos de postre. También es de los más caros por supuesto solo por estar en la lista de la Clasificación de 1855 de Burdeos, pero de esta lista hablaremos en otra ocasión.

Son vinos blancos ideales para esas comidas ácidas. Por ejemplo una ensalada de arúgula con limón y queso parmesano, un risotto de espárragos, o una pasta con pesto y albahaca.

Es un vino blanco como aperitivo, para un brindis, y es con el que quedas bien en una reunión social porque le gustará a todos tus invitados a pesar que haya diversidad de paladares.

No te olvides que los vinos blancos debes servirlos fríos, a unos 8º-10ºC

¡Salud!