Después de diez años de trabajar en la categoría de vinos tomé la decisión de conseguir una certificación en vinos.

Por medio de un amigo conseguí el contacto de Cavaluna en la ciudad de Guadalajara, México quien desarrolla el curso Wine & Spirits Education Trust, una certificación internacional en vinos y espirituosos. La escuela se llama Colegio Internacional del Vino.

Comencé con el nivel 2 para el que necesitas un 20% de conocimiento de vinos. El curso al que me inscribí es intensivo para extranjeros. Fue una semana literalmente intensiva, con clases de lunes a viernes desde las once de la mañana hasta alrededor de las siete de la noche.

El programa comprende temas como la cata del vino, el servicio del vino, la producción, las distintas variedades de uva con sus regiones y legislaciones, vinos espumosos y fortificados, y una sección de destilados y licores. Adicional, durante el curso aprendes técnicas sobre la cata con degustaciones de los temas desarrollados.

Para mi buena suerte o mala suerte, quien sabe, no pude salir de viaje el domingo sino hasta el día lunes, y perdí mi primer día de clases adicional de otras aventuras que viví en el aeropuerto de la Ciudad de México y con mi maleta al llegar a Guadalajara. Así que me tocó estudiar un poco más que el resto del grupo para ponerme al día.

Nuestro grupo estaba conformado por cuatro compañeros, todos mexicanos de diferentes ciudades. Dos chicas muy especiales para mi trabajan en el rubro del vino, uno de los chicos es catedrático en una universidad sobre alimentos y bebidas, y el otro chico un aficionado del vino con muchas historias que contar sobre vinos, ciudades y gastronomía. Nuestra maestra, con amplio conocimiento en la materia, que con mucha pasión nos compartió experiencias, sus propias experiencias y datos históricos que te enamoran más de los vinos.

Tuve la oportunidad en los almuerzos y cenas de conocer un poco de la gastronomía en una ciudad cosmopolita. En restaurante La Matera, comida argentina, almorcé un salmón al horno acompañado con espinacas papas y vino blanco.  Por la cena visitamos Polanco, un restaurante de comida internacional, ordené una margarita y un atún azul con sandía y jícama.

El siguiente almuerzo fue en restaurante Alcalde, comida franca, de entrada unas gorditas de requesón con estofado de tallos de primavera y crema de chile Anaheim, de plato fuerte un cordero a la paja, y de último tres postres: arroz con leche caramelizado y helado de canela, chocolate Valrhona con frutas y especies de estación, y parfait de limón con helado de crema y galleta de mantequilla.

El día viernes por la noche, una noche antes del examen… sí hay un examen, el sexto día, con cincuenta preguntas de opción múltiple. Salimos a cenar a un famoso restaurante: La Docena, por su bar de ostras, ordené un pulpo y lo acompañé de un albariño, y de postre un cheescake de riccotta.

Se llegó el día del examen, mis nervios a mil, cuando comencé a leer el examen ubiqué todo en el libro que había re leído. Hice mis cálculos y logro pasarlo, dentro de un mes conoceremos la nota final. Mientras tanto mi último día en Guadalajara acompañé a mi nueva amiga de Aguas Calientes y me llevó hasta hoy al mejor encuentro con la repostería francesa: La Postrería. Postres con infusiones artesanales y texturas para una experiencia dulce. De tomar una tisana artesana de durazno para acompañar un cheesecake de queso camembert, piñones tostados, helado de vino de jerez, pan tostado de miel y pasas de vino.

Menos de una semana, cinco nuevas amistades, una sola pasión: el vino.

Un hasta pronto México.