Otro viernes por la noche rodeada de deliciosa comida, grandes personas y buenísimos vinos. Todos salimos sorprendidos en este wine tasting privado que tuve el placer de dirigir. Era la celebración de cumpleaños de ella, él quería darle algo original y sí que lo logro. Para mi fue un reto, un poco más dificil que el examen de cata a ciegas del WSET nivel 3 en inglés.

Esta era una cena de cinco tiempos para la cual se querían acompañar cada plato con el vino ideal. La cantidad de vinos no era el grado de dificultad, sino que era el encontrar el mejor vino que acompañara elementos de nuestra cocina salvadoreña. Y decidí arriesgarme.

Tengo un libro que se llama “What you drink with what you eat, and what you eat with what you drink”, un tipo guía que se divide en dos secciones. Una es en la que piensas en la comida y te muestra las mejores bebidas para acompañarla; y la segunda parte donde buscas la bebida y te enlista las mejores comidas para maridarlo. Así que esa fue la estrategia que usé, busqué el o los elementos de cada plato que más sobresalía y en base a esa característica busqué el vino que le complementaría y no compitiera ni uno ni el otro.

No les voy a mentir, aunque bien segura había definido cada uno de los vinos, al inicio de la cena me entraron los nervios pero al mismo tiempo la emoción por conocer el resultado de cada vino con cada tiempo.

Los anfitriones me hicieron sentirme como en casa, tenía acceso a lo que necesitaba para prepararles el wine tasting. Llevé mis propias copas de cristal y con respecto a los vinos ya les había dado instrucciones a qué horas enfriarlos para estar listos con la temperatura correcta a la hora de la cena.

Y comenzamos. El primer plato fue un ceviche al carbón con mango, cebolla morada y crujientes de tamal de elote, y por su acidez se acompañó con un espumante italiano de Franciacorta que compartía esa nota fresca de limón. Nos llevan el segundo tiempo y el chef nos sube la intensidad es un pulpo adobado con mole y sin planearlo el vino rosado de Cotes de Provence con que lo acompañamos hacia resaltar la nota especiada. Vamos bien nos faltan tres platos. El tercero era un lomo confitado en ajos con chile ciruela y no les puedo explicar como este vino Malbec de Mendoza relativamente joven (solo fue seis meses envejecido en barrica parcialmente) hizo un click tremendo con el chile ciruela.

Seguimos invictos, pero el cuarto tiempo era el que más temía. Porque cuando me pasaron el menú para elegir los vinos solo me habían enviado cuatro, y después de un día completo pensando en los vinos ideales vienen y me dicen: “aquí te mando un quinto plato que es antes del postre, por favor escoge el vino que lo acompaña”, yo me moría, me sentía como en examen final!

El cuarto tiempo eran chicharrones en chicha y salsa verde con yuca, y definitivamente no me equivoqué, no hay como un buen Pinot Noir de Oregon para elevar el crunch de los chicharrones. Para este vino hicimos el tasting en dos copas diferentes. Primero lo degustamos en una copa standard de vino tinto y luego lo degustamos en la copa ideal de Pinot Noir del nuevo mundo, y sabían como dos vinos diferentes, aquí nos dimos cuenta que la copa sí importa.

Ya les he mencionado que no hay cena sin postre, para terminar un cuero de fruta de estación relleno de mousse de yogurt acompañado de un Viogner de Mendoza con leve paso en barrica para mantener su perfil frutal primario aromático, y con esto terminamos la noche invictos.

Fue una experiencia espectacular porque me hizo poner en práctica estos años de estudio. Pero lo mejor de la noche fue la compañía, verles con sonrisa en cada plato y sus ojos brillar con cada vino. Eso es disfrutar el momento y entre amigos.

Esta es una de las mejores formas de celebrar un año más de vida con los que más quieres.

Cheers!