Los vinos tintos tienen algo que los vinos blancos no tienen: los taninos.

Estos se encuentran en las pieles de las uvas. Al elaborar vinos tintos se deja en contacto las pieles con el jugo para darle color y taninos. Los vinos rosados tienen taninos pero pocos porque sólo son horas el contacto de la piel con el jugo, sí los vinos rosados se hacen con uvas rojas!

En definición los taninos es una sensación de astringencia que predomina en las encías.

Todos los vinos tintos tienen taninos. Unos más que otros. Un Pinot Noir tiene menos taninos porque su piel es delgada y delicada; mientras que un Cabernet Sauvignon y Syrah tienen más porque su piel es gruesa y de un color más oscuro.  Vinos de taninos medios podemos encontrar a la Merlot y Tempranillo.

Los taninos pueden incrementar cuando el vino se envejece en barricas de roble. Es por eso que puedes tener dos estilos diferentes de Pinot Noir, uno de cuerpo ligero con taninos sauves y otro estilo de taninos medios y/o altos porque se envejeció en barrica de roble.

El tipo de roble influye en el acabado de los taninos. Si es roble francés estos serán más delicados, elegantes y sedosos mientras que el que se envejece en roble americano la madera es más obvia y sus taninos un poco más toscos.

El tiempo de envejecimiento también influye. Entre más tiempo envejecido más taninos tendrá. Este será un vino más seco. Esto indica que más tiempo deberás esperar antes de degustarlo. Debes de decantarlo por lo menos media hora para que al estar en contacto el vino con el oxígeno suavice el alcohol, sus aromas y sabores se abran completamente para que en boca disfrutes de un vino redondo y sedoso.

Los vinos con muchos taninos funcionan como limpiadores para las comidas de alta grasa, quesos y pastas. Es por eso que siempre te recomiendo que si deseas degustar un vino como un Cabernet Sauvignon, Syrah, Malbec lo hagas en compañía de comida.

¡Santé!