Hace dos semanas tuve la oportunidad de degustar por primera vez una de las casas de Champagne más reconocida mundialmente que le dio un giro a la historia del Champagne: Dom Pérignon.

Pierre Pérignon era un monje benedictino en la abadía de Hautvillers, ubicada en Reims en la región de Champagne. Además de otros oficios estaba encargado de la produccion de vino en la abadía.

Perfeccionó el arte de producir vino blanco de uvas rojas, así como también saber el momento indicado para atrapar las burbujas en la botella. Impulsó el uso del corcho, en vez de usar madera para sellar las botellas, y comenzó a usar vidrio más grueso para que estas no explotaran.

La búsqueda de perfeccionar estos métodos mencionadas fue porque cuenta la historia que un día de 1670 se escuchó la explosión de una botella de vino en su bodega. Cuando bajó y probó el vino dijo: “Corran, estoy bebiendo estrellas”. La explosión no se debió porque asustaran en la bodega sino por la fermentación del vino generada por la producción carbónica, dicha presión la hizo explotar.

Come quickly, I’m drinking stars!

La primera cosecha fue la 1921 y salió al mercado hasta 1936 directo a la cuidad de New York. Las primeras 300 botellas las compró Simons Bro & Co. Luego James Buchanan Duke, el billonario quien fundó American Tobacco Company compró solo para él 100 botellas.

Dom Pérignon es un ensamblaje de Pinot Noir y Chardonnay, y solo produce cuando la cosecha ha sido excepcional, un Champagne Vintage. El Champagnes es añejado mínimo 8 años.

En el mercado actualmente se encuentra Dom Pérignon Blanc 2003 y Dom Pérignon Rosé 2000.

Dom Perignon Blanc tiene menos cuerpo que el Dom Perignon Rose, es más suave, refrescante, ideal como aperitivo o para acompañar platos ligeros como un carpaccio de salmón.

Para hacer el Rose hay un mayor prensado de la cáscara del Pinot Noir y se le agrega una mezcla de vino tinto lo cual lo convierte en un champagne de bastante cuerpo, ideal para el plato fuerte como un buen corte de carne roja.