Muchas preguntas me han hecho a través de estos años en el mundo de los vinos, todas válidas, no hay preguntas tontas. Siempre ha habido una pregunta a la que nunca le he dado una respuesta concreta.
“¿Cuál es su vino favorito?” Es la pregunta que culmina en todas mis conversaciones y siempre he contestado “Depende” como toda economista.
En estas semanas de reflexión, revisando mis archivos buscando qué contarles en mi siguiente entrada de blog, encontré la respuesta.
Mi vino favorito es el Champagne!
Hoy todo hace sentido. Estoy aprendiendo a hablar francés. Siempre hay una botella de Champagne en mi refrigerador. Me encanta la repostería francesa.  Y lo primero que aprendí a pronunciar fue mi Champagne favorito: Veuve Clicquot Ponsardin Brut. Adoro las burbujas.
Al principio solo lo tomaba en ocasiones especiales: en una boda, como aperitivo en las catas de vino, brindis de año nuevo, etc. Poco a poco fui rompiendo costumbres, como lo diría un amigo francés muy cercano. No tengo excusas para abrir una botella de Champagne.
Para mi todos los días son para celebrarlos, cada día es una nueva oportunidad que se convierte en una ocasión especial.
Fui perdiendo el miedo sobre lo complicado del Champagne. Suena bastante complejo pero en muy sencillo de entender. El Champagne es un vino espumante que se distingue del resto de vinos por sus burbujas. Y son estas las protagonistas: entre más finas, mejor.
Champagne, es una región de Francia, muy pequeña, y todo vino espumante que se produce con las uvas de esa región se puede llamar Champagne, de lo contrario solo le llamamos vino espumante.
El Champagne se compone de tres uvas. Dos uvas rojas, Pinot Noir y Pinot Meunier; y una uva blanca, el Chardonnay. Cada vino se hace por separado. Cuando cada vino ya pasó por su fermentación, la persona que hace el Champagne selecciona el porcentaje que requiere de cada vino para hacer su mezcla, y agregan el famoso licor de tiraje que mezclan con azúcares y levadura.
Al tener esa mezcla se embotella y se tapa con una corcholata. Está listo para pasar por una segunda fermentación, en botella. Las botellas se colocan acostadas de forma tal que al girarlas día tras día quedan totalmente boca abajo que tarda hasta unas 12 semanas, dejando el sedimento generado por la segunda fermentación en el cuello de la botella. Luego congelan ese sedimento para retirarlo y posteriormente se coloca el corcho y se sella. Permanecen por lo menos seis meses más en guarda hasta que salen al mercado.
Es la segunda fermentación la que origina las burbujas, con la presión ocasionada de no dejar salir el dióxido de carbono que se libera en la primera fermentación.
Leemos en las etiquetas que dicen Brut o Demi Sec. Esto lo definen los gramos de azúcar que lleva la bebida. Para llamarse Demi Sec se colocan 45 gramos de azúcar por litro; para un Brut son solo 15% gramos de azúcar por litro. Si contiene menos de 15% gramos le llaman Extra Brut.
Podemos encontrar en el mercado Champagnes color Rosé o que en su etiqueta digan: Rosé Brut. No quiere decir que es un Champagne dulce, a menos que diga Demi Sec. El color en un vino viene dado por la cáscara de la uva, y como mencioné anteriormente el Champagne lo componen dos uvas rojas, es la Pinot Noir que dejan en contacto la cáscara con el vino para que sea de un color rojo pálido o rosé. Y luego sigue su proceso normal que ya les conté.
Hay muchas marcas de Champagnes, entonces ¿cómo elegir el indicado? Los Champagnes a pesar de contar con detalles minuciosos a la hora de su producción que se identifica en el precio final.
Lo que pesa es la historia dentro de cada botella.
En lo personal, me cautivó el gran trabajo que llevó a cabo Madame Clicquot en los 1800. Una época donde la mujer no era considerada para manejar los negocios. Nicole, quedando viuda toma el cargo de los viñedos de su esposo y cambia el rumbo de la historia en la venta del Champagne. Hoy considerada como la pionera del sexo femenino en el mundo empresarial.
Y así como Madame Clicquot hay detalles con los que puedes identificarte con otras grandes casas de Champagne como: Dom Pérignon, un abad en los 1800 que identificó la segunda fermentación conocido a través de la historia como Método Champenoise; Ruinart, un negocio familiar que elabora Champagnes ideales para acompañar una comida; Krug, una marca que desde sus inicios tuvo una visión moderna de llegar a ser el mejor Champagne del mundo; y de último pero no menos importante Moët & Chandon, dos primos que decidieron emprender el negocio con una estrategia basada en lo sofisticado y el glamour.
Así que la próxima vez que vayas a decidir por una botella de Champagne no te dejes llevar solo por el precio o por su linda etiqueta, indaga un poco de esa marca que te atrae y decide por su historia dentro de esta si es lo que andas buscando.
Las ocasiones no deben ser extraordinarias, sólo estar atentos en nuestra vida ordinaria de esos momentos que merecen ser celebrados con una copa de Champagne y buena compañía.
¡Celebra tus propias experiencias!