No hay como iniciar la semana bebiendo Champagne, esas finas y delicadas burbujas que complementan tu vida con felicidad.

Literalmente así fue mi semana de vacaciones en Francia este agosto pasado. Mi semana inició un martes (porque llegué a la ciudad de Reims el lunes por la tarde). El día lo comencé visitando la famosa avenida del Champagne en el pueblo de Épernay, se encuentra a media hora de la ciudad. En esta avenida se encuentran las casas más famosas de mi bebida favorita, entre ellas Perrier-Jouët, Pol Roger y Moët & Chandon.

Llegué a la casa de Moët & Chandon. El clima estaba perfecto. Con sol, raro porque en esta región de Champagne es bien difícil tener días soleados, es por eso que dicen que el sol va dentro del Champagne porque no es común verlo. Con un tour personalizado me contaron la historia de la bodega la cual fue fundada por Claude Moët en 1743. Su hijo Jean Rémy le agrega un estilo más social a la casa con las estrellas de ese momento como Thomas Jefferson y Napoleón Bonaparte. Luego el nombre cambia a Moët & Chandon cuando su hija Adélaide se casa con Pierre-Gabriel Chandon, incorporándose a la sociedad.

El nombre de Impérial en las etiquetas de Moët & Chandon se lo pusieron en honor a su amigo Napoleón, pues en esa época era uno de los mejores clientes. Vimos cómo están distribuidos los viñedos de Champagne de la casa con las tres uvas bases: Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier. Como la ley lo exige sus viñedos sólo producen un 25% de la producción total por lo que para poder alcanzar la cantidad que producen hoy en día compran a otras bodegas uvas siempre con la alta calidad de Grand Cru y Premier Cru.

Bajamos a la cava y me encontré con cientos de botellas de Moët y de Dom Pérignon descansando para salir al mercado. Mientras caminaba por la extensa cava me aclararon que Dom Pérignon es una marca de Champagne que lo produce Moët & Chandon, no es que el famoso monje elaboró su propio Champagne y lo personalizó. Esta se convirtió en la marca de prestigio de la casa y lo hicieron en honor a él por ser el pionero en la elaboración de esta grandiosa bebida y las técnicas que revolucionaron la magia de las burbujas.

Dom Pérignon, Pierre su primer nombre, fue un monje de la congregación de los benedictinos en la Abadía de Hautvillers que vivió aproximadamente setenta años de edad. Dom viene del latín Dominus, un título honorífico a aquel que tenía una profesión solemne. En el caso de Dom Pérignon, él era el maestro bodeguero de la abadía.

La primera cosecha de Dom Pérignon fue en 1921 pero salió al mercado quince años después. La mezcla es de uvas Chardonnay y Pinot Noir, el peso de cada una varía en cada cosecha, y sólo se elabora en años excepcionales. A través del tiempo se han dado cuenta que este Champagne alcanza su “Plenitud” después de los siete años en la cava, y de ahí es de donde nace un nuevo Dom Pérignon que le llaman Plenitud 2 porque son aproximadamente catorce años en la cava, una segunda “Plenitud” (ya se imaginan el precio y las finísimas burbujas que tiene ese Champagne).

Le pregunté a la guía cuánto tiempo más podría guardar un Dom Pérignon en mi casa y me encantó su respuesta. Me dijo que el tiempo de guarda del Champagne ellos ya lo hicieron por mí, que al adquirir una botella de Dom Pérignon la idea es consumirla, celebrar y no esperar.

Para finalizar la visita regresamos a la casa y nos fuimos a uno de los bellos cuartos para degustar un Dom Pérignon Blanc 2006. Lo sirvieron en una delicada copa muy parecida a una copa normal para vino que permite que las burbujas suban más despacio y desenvuelvan los aromas más uniformemente, es una copa diseñada por la marca famosa Spiegelau, copas de cristal con la insignia de la marca Dom Pérignon en su base.

Antes de marcharme pasé por la tienda de souveniers y me volví loca entre tantas botellas y accesorios. Mi recuerdo además de la experiencia fue un bello abanico hecho a mano con el logo al centro de Moët & Chandon. Excusa para no perder el sentido fashion y recordarle al mundo que las burbujas son hoy por hoy mis favoritas.

Santé!