Saliendo de Épernay en Champagne nos dirigimos a almorzar a un restaurante que se llama Au 36, a diez minutos de la Avenida del Champagne.

Este fue la recomendación del chofer, le dijimos que queríamos degustar la comida local: quesos, embutidos y obviamente: Champagne!

Au 36, queda en el pueblo de Hautvillers, aquí es donde nace la fascinante historia del Champagne, y se encuentra la abadía donde vivió Dom Pérignon (en mi entrada anterior les conté un poco sobre la vida de este espectacular monje benedictino y mi experiencia con Moët & Chandon).

La primera planta del establecimiento es una tienda de Champagne, accesorios y otras delicias de la zona. En el segundo nivel se encuentra el restaurante. En este mismo nivel se encuentra la cocina. La especialidad de la casa son dos cosas, una es su gastronomía basada en productos locales servidos en tablas en porciones tipo tapas; y segundo es su menú de degustación de Champagnes que permite degustar de dos a tres distintos Champagne simultáneamente.

Ordenamos la tabla de especialidades regionales que incluye: mousse de remolacha con pedacitos de trucha y queso parmesano, un pastelito de papa con jamón de Reims, una porción de paté champenoise, una salchicha blanca proveniente de Rethel con champiñones y mostaza de Reims, lentejas de Champagne acompañadas de jamón de Reims y de Ardennes, dos rodajas de pan con queso brie y chaource, y un gran macaron color rosa relleno de mousse de frambuesa. También ordenamos la tabla de pato en diferentes versiones: carne de pato conservada, foie gras, filete de pato ahumado acompañado de pan. Para brindar un par de copas de Champagne Rosé.

Una vista impresionante y esa misma calle donde está el restaurante te lleva directo a la abadía Hautvillers. En la abadía está enterrado nuestro amigo Dom Pérignon, justo frente al altar. Caminando por el pasillo de la Iglesia me encontré con una segunda tumba, la de Dom Thierry Ruinart, si es ese Ruinart de la primera casa de Champagne establecida en 1729, él era un monje benedictino historiador, quien llegó a esta abadía para continuar con unos estudios pero murió a sus 52 años en dicha región y es por eso que está enterrado en el mismo lugar que Dom Pérignon, en esa época te enterraban donde morías. Ninguno de los dos se imaginó que posteriormente sus nombres cambiarían la historia del mundo del Champagne.

Fue una experiencia interesante estar en la casa y en el corazón de la tierra donde este gran personaje Dom Pérignon inició mi bebida favorita sin él darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Santé!